Solo el 38% de los talleres mejoró su rentabilidad en 2025, mientras la falta de profesionales y la formación siguen entre sus principales preocupaciones.
Los talleres tienen actividad, pero eso no significa necesariamente que el negocio sea más rentable. Solo el 38% de los talleres mejoró su rentabilidad durante 2025, mientras que el 51% no está satisfecho con el retorno que obtiene de su actividad, según la III Encuesta de Actividad y Clima Empresarial de CONEPA.
El dato muestra una situación que puede resultar contradictoria: los talleres siguen teniendo trabajo, pero una parte importante de las empresas no está consiguiendo que ese volumen de actividad se traduzca en una mejora suficiente del resultado económico.
Más trabajo no siempre significa más rentabilidad
La evolución del negocio depende de varios factores y no solo del número de vehículos que entran en el taller. Los costes, los tiempos de reparación, el precio de los recambios y la disponibilidad de profesionales condicionan el margen que queda después de realizar cada trabajo.
A esto se suma una actividad que cada vez exige más medios. Los vehículos incorporan más electrónica, nuevos sistemas de asistencia y tecnologías que obligan al taller a invertir en equipamiento y formación.
La inversión puede ser necesaria para mantener la capacidad de reparación, pero también supone un coste que el negocio tiene que recuperar. Para un taller pequeño, especialmente, decidir dónde invertir y cuándo hacerlo puede tener un impacto importante sobre su rentabilidad.
Por eso, aumentar la facturación no garantiza por sí solo que el resultado final mejore. El margen que deja cada reparación y el coste necesario para realizarla tienen cada vez más importancia.
Encontrar profesionales también es un problema
La encuesta sitúa la disponibilidad de personal cualificado entre las principales preocupaciones del sector. La falta de profesionales no solo dificulta cubrir puestos, sino que puede limitar la capacidad del taller para asumir más trabajo.
Mecánicos, especialistas en diagnosis, profesionales de carrocería o técnicos preparados para trabajar con las nuevas tecnologías forman parte de un perfil cada vez más necesario.
La formación también aparece como una de las áreas prioritarias de inversión. El taller necesita actualizar los conocimientos de sus trabajadores a medida que cambian los vehículos, pero dedicar tiempo y recursos a esa formación también tiene un coste para la empresa.
La situación genera una espiral difícil de resolver: el taller necesita profesionales preparados para poder asumir determinados trabajos, pero también necesita actividad suficiente para rentabilizar la inversión en personal y formación.
El reto es conseguir un negocio sostenible
Los datos ponen el foco en una cuestión que afecta al día a día de muchas empresas de reparación: tener trabajo no es suficiente si gran parte de ese trabajo deja un margen reducido.
El taller afronta además retos como la evolución tecnológica del vehículo, la necesidad de invertir en equipamiento y la dificultad para encontrar profesionales. La situación obliga a prestar más atención a la gestión del negocio. Controlar los tiempos, conocer el coste real de cada operación, ajustar los recursos y valorar qué inversiones son necesarias pueden ser tan importantes como conseguir nuevos clientes.
El 38% de talleres que mejoró su rentabilidad en 2025 demuestra que es posible avanzar, pero también deja un dato significativo: para la mayoría, aumentar o mantener la actividad no se está traduciendo todavía en una mejora clara del resultado económico.
El reto para el sector durante 2026 no será únicamente mantener los vehículos entrando por la puerta del taller. Será conseguir que ese trabajo permita mantener empresas rentables, profesionales preparados y capacidad para afrontar los cambios que está experimentando el automóvil.
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